Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de verdad, nace este periódico. José Martí

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Conferencia: La migración histórica cubana celebrada en la sala plenaria del palacio de las convenciones. Sábado 4 de noviembre de 1995

EUSEBIO LEAL.- Buenos mediodías a todos porque ya es una hora peligrosa para intentar conferencias en Cuba; la hora de llas 12 del día, según la más pura tradición en Cuba es la hora que precede al almuerzo, por tanto, ya se sienten los cansancios de una mañana de trabajo y trataré de que cuanto pueda decir sea breve y que llene el objetivo y la expectativa que pueda existir en torno a esta Conferencia, o en torno a estas reflexiones o a estas meditaciones en voz alta.

Quisiera dedicarla, de todo corazón, a los cubanos todos presentes y particularmente a una nueva generación, a los niños y niñas cubanos que nacieron lejos de Cuba ya los que vemos hoy, con muchísimo orgullo, venir como periodistas, venir como escritores, venir como testigos, venir como estudiosos, y que forman ya una nueva generación en el mundo entero. Para ellos, particularmente, va cuanto pueda decir y cuanto pueda significar de positivo lo que diré esta mañana.

Siempre he pensado que cuando se producen grandes acontecimientos y sucesos coyunturales de la historia, que pueden tener una gran trascendencia y cambiar en algún momento o acelerar los procesos históricos de los países de las regiones del mundo, a veces con carácter planetario, se produjeron migraciones. En los pueblos continentales asume una característica y en los pueblos insulares como el nuestro, la Isla de Cuba, el archipiélago cubano, la insularidad nuestra, también ha sido muy caracterizada, muy significada a lo largo de los siglos por estas tendencias que están en la raíz misma de nuestra historia y hasta de nuestra voluntad.

Recientemente la UNEAC, en un encuentro que ocurrió a mediados de año -el tiempo pasa vertiginosamente -, traté el tema, y por tanto no me propongo en forma alguna repetir, ni incidir en lo que allí dije. Pero sí trataba de llevar el tema migratorio, el tema de vuestra presencia en cualquier otra latitud del mundo, a un plano de suceso normal, desdramatizado si lo fuese posible, por las circunstancia que han determinado la diáspora cubana contemporánea. Quisiera tratar de situarla como un suceso de carácter histórico, y hasta natural, y ver cómo esto no solamente ha sido una característica nuestra, sino de otros países.

Bastaría visitar la gran ciudad de Nueva York para ver en aquella que fue llamada la Babel de Hierro, cómo los emigrantes establecieron barrios completos, a los cuales llevaron el signo de su carácter, de sus tradiciones, de sus costumbres, de su religión. Así, por ejemplo, no habría nada más imponente que el barrio chino o el barrio italiano de Nueva York, o la zona donde viven también los dominicanos, por ejemplo, otro pueblo insular, pero particularmente los italianos y los chinos.

Recuerdo que en el siglo pasado, en los primeros años del siglo y aún en los tiempos de Martí, en Nueva York, lo más importante eran los barcos que traían a los irlandeses; la gente venía de Irlanda de tal forma que hay más irlandeses hoy en los Estados Unidos, que en las dos Irlandas y ellos fueron capaces de alcanzar, después de una virtual proscripción y de un rechazo social a sus formas de vida, a sus formas de expresión, a su música y hasta su religiosidad, lograron excavar para convertirse ya en parte de la savia creadora dentro de la sociedad norteamericana. Llegaron a formar parte del tron,co vital de una nación que, entre paréntesis, fue también la obra de sucesivas y continuas migraciones, a partir de la llegada de los famosos peregrinos del Mayflower, huyendo de la intolerancia religiosa y ansiando tener un nuevo paraíso terrenal prometido por la fe en la cual creían. Así nació lo que en Europa se llama América.

Nuestro pueblo no se ve eximido de una tradición similar; nuestra tradición nace, primero, en el hecho de que nuestras islas, las islas grandes, llamadas Antillas y aun las pequeñas, fueron habitadas en sucesivas oleadas migratorias que vinieron desde la costa venezolana y actualmente, muy recientemente, unas excavaciones arqueológicas realizadas en Puerto Rico hallaron un grupo muy interesante, sobre todo por su ajuar lujoso, de preciosas y pequeñas obras de arte realizadas en cuarzo, realizadas en ciertas piedras duras que repetían entre esos abalorios yamuletos, continuamente, la figura del águila, de un águila.

Estos signeris ignorados, como les llamó el arqueólogo Chang Later, el arqueólogo dominicano Chang Later; por largo tiempo residente en Puerto Rico, son hoy un enigma de la población del Caribe, pero ellos - se cree -, procedían no ya sólo de las Cuencas Amazónicas y de las áreas más inmediatas a ese collar de islas que sube desde la costa hasta las Antillas Mayores, sino que venían descendiendo de los altos y elevados Andes del corazón americano. De ahí que esas figuras, que no son águilas, sino cóndores, recuerden con exactitud un lejano y ancestral culto de sus progenitores, que trajeron como recuerdo y que han sido tan recientemente descubiertos con su cerámica pintada en ocre y blanco, que es toda una nueva expectativa para los estudios del pasado remoto del Caribe.
Sin embargo, los autóctonos emigrantes vinieron, como decía, de las Cuencas Amazónicas, de los grandes ríos, y atravesaron en sus balsas -y que Colón llama almadías- y que recorrieron enormes espacios lanzados a la fuerza de las corrientes y llegaron hasta las Antillas Mayores, y ellos ocuparon nuestras islas, fundamentalmente la actual isla haitiano-dominicana, la isla Española de Cristóbal Colón, y ocuparon la hermosa, larga y maravillosa Cuba, cuyo nombre aparece ya varios días antes del 27 de octubre de 1492, repetido insistentemente a Colón por los indígenas que señalan cómo al occidente está la isla labrada, alta y bella, esa isla es Cuba. Todo intento por cambiar su nombre resultó imposible; el propio almirante la llamó Juana, y posteriormente aparece para ella también el título de la isla Fernandina de Cuba. Sin embargo prevalecerá el nombre de Cuba por sobre Juana, por sobre Fernandina.

Esto ha garantizado que esta sea una reunión de cubanos y no de juanos. Si se hubiese cumplido la voluntad de Colón (APLAUSOS), seríamos hoy, juanos o juaninos, y es una cosa extraña, porque casi todas las islas cambiaron su nombre. Puerto Rico es Puerto Rico; Borinquen es una quimera poética; Santo Domingo es Quisquella; y aunque hay niñas en Santo Domingo, en el culto que tienen los dominicanos por su indigenidad, hay niñas que se llaman Quisquella como tantas se llaman Altagracia y tantos Hatuey y tantas Guarina y " tantos Caonao, cosa que en Cuba no prosperó. Prosperó nada más, que yo recuerde, la familia del grande cantor y trovador cubano que le dio a sus hijos el nombre; Sindo Garay le dio el nombre de Guarionex, le dio el nombre a sus hijos, los nombres de los caciques indios. No hemos tenido eso.

Es más fácil encontrar, inclusive, en medio de nuestro furibundo nacionalismo, que niñas se llamen Mislaidy, que se llamen con nombres compuestos que salen de las novelas de Corín Tellado o que salen de la imaginación y de la síntesis imaginativa de todos los nombres familiares, en un momento en que hacen crisis el calendario, los santos, los nombres, y todas las cosas vivientes y palpables.
Lentamente se va produciendo un proceso de recuperación de esa memoria de la tradición y ya comienzan a aparecer nuevamente los Juanes, los Antonios, los Pedros, los Mateos, los Josés, que en un momento oportuno fueron aborrecidos por la gente porque los consideraban cosas pasadas de moda.

Todo esto podría entrar en el tema de la Conferencia, de la sala, sobre el tema de La Cultura y la Identidad, porque todo cuanto diga roza ese tema, o de hecho lo invade, está presente, omnipresente en todo lo que digamos la cuestión de la identidad.

En definitiva todos estamos aquí reunidos, no en un viaje turístico, no en un viaje de placer, sino en un viaje de búsqueda, ansiosa, que para cada cual asume las características de su propia identidad y que trata de reafirmarla visitando la tierra santa de los cubanos, ,la verdadera tierra, la única, la verdadera, yahora comprendemos el sentido y nos damos cuenta de~ sentido verdadero de la reunión, el por qué nos convocamos en Cuba, bajo nuestro sol, bajo nuestro aire y cielo y sobre esta tierra.

Decía al comienzo que tuvimos ese origen en las migraciones de las gentes que ocuparon la isla de Cuba. Sobrevolando la Florida y después visitándola, me contaron que la arqueología también ha hallado en la zona de los Everglades, pequeños bolsones en los cuales es quizás probable haber hallado presencia de algunas de esas comunidades aborígenes taínas que en algún momento, llevadas por la corriente, nos precedieron en el tiempo y estuvieron allí, en esa parte que el tiempo llamó la península Florida. La historia de la emigración es universal, los primeros emigrantes fueron para mí Adán y Eva, allí todo era una maravilla, pero una mañana se encontraron fuera del Paraíso y camino de un destino que ellos mismos no sabían hallar.

Como la fuente de nuestra cultura es en gran medida judeo-cristiana, pues tenemos que acudir a la sagrada escritura para hallar en el éxodo del pueblo de Israel una razón histórica y de peso para ver a la masa de un pueblo que va camino de lo que cree su destino y vaga en el desierto durante 40 años. Hasta cierto punto hay analogías.

Cuando la teología trata de explicar por qué razón en un espacio tan breve estuvieron 40 años marchando por el desierto, en el cual ocurrieron una serie de milagros y de sucesos extraordinarios para sustentar la marcha, el maná del cielo, las codornices y todo aquello que trata de explicarse a veces desde un punto de vista científico, la teología responde que en aquella marcha, a veces circular, la voluntad divina trató de expresar su deseo de que toda una generación que había estado en Egipto, que había convivido con los dioses, que había practicado los cultos paganos, no podía entrar en la tierra prometida, ni el propio Moisés, ya en su senectud, se cuenta que se le colocaban unas muletas en los brazos para que los mantuviese levantados y con ese signo de poder personal mantuviese unido al pueblo peregrino, pero era otro, Aarón, el que debía entrar en la tierra prometida y toda una nueva generación mejor preparada para interpretar el nuevo destino.

Cuando dedicaba mi conferencia al Comienzo a los jóvenes cubanos, pensaba que ellos son los depositarios de esa promesa, la de todos nosotros, la generación cubana que hoy está en nuestro país, y la de los hijos de ustedes que están allá o en otras latitudes del mundo, son los depositarios y para ellos debemos trabajar, para que ellos algún día se sienten también en torno a la mesa, como aquel pueblo, junto a un candelabro de los siete brazos, o como otros pueblos migrantes, como los italianos de los viejos barrios de Nueva York, para celebrar sus fiestas y que sientan el orgullo de ser cubanos, y que sientan que para ellos hubo algo más que pura sensibilidad o placer vano en tomar determinados alimentos, en comer determinadas cosas, en escuchar ciertas relaciones, en recuperar cartas, papeles, documentos, libros, y hasta música inspirada en su tierra.

No fue este solo el caso el del pueblo elegido, otros muchos pueblos practicaron y se movieron en otras direcciones. Cuando Roma destruye la ciudad de Jerusalén, los propios romanos, que habían marchado en las legiones hacia oriente, fundaron, como migraciones, en las nuevas tierras, colonias y nuevas ciudades en las cuales nuevas generaciones se expresaron artísticamente, culturalmente, con puntos de referencia en su pasado familiar, pero de una forma enteramente nueva, creadora y bella.

Otros pueblos fueron también migradores, si observamos en China, en la antigua Siam, veremos como allí está dedicada la más alta torre, la torre de la pagoda, dedicada al monje Tan, que fue un gran viajero y que recorrió con sus compañeros toda el Asia, no solamente extendiendo el budismo, sino recogiendo los libros y los testimonios de las comunidades más distantes y les trasmitió su mensaje y las unió. En América no hay viajero más mitológico que Quetzalcóatl, el que se fue, el que partió, el que debía regresar. El fue también una divinidad ambulatoria que según la tradición debía volver alguna vez. Pero no solamente él. Migrantes de las montañas y de la antigua Tula fueron los aztecas que bajaron con una promesa extraña y difícil de ~ cumplir, la ciudad sagrada debía fundarse sobre un lago, sobre una laguna, donde un águila descendiese sobre un nopal y exactamente esa visión la tuvieron en el gran lago para fundar la ciudad de Tenochtitlán y allí se establecieron. No fueron ellos los únicos, Mama Ocllo y Manco Cápac vinieron desde las islas del sol y la luna, en el inmenso lago Titicaca y avanzaron hasta buscar lo que era para ellos la tierra prometida y fundaron el Cuzco. y cuando el padre Pane, un sacerdote jerónimo o un hermano jerónimo, en Baracoa o mejor dicho, en Santo Domingo, pero recogiendo también el testimonio de behíques y de viejos entendidos en tradiciones indígenas le hablaron de cómo surgió el universo, el mar y la tierra, el hombre y la mujer, hacen toda una teología particular para el Caribe que debía ser enseñada en nuestras escuelas como la historia de la magna Grecia o de Roma se enseña en Europa como origen de todas las cosas.
No olvidemos también que Roma fue fundada por un migrante, Roma fue fundada según la tradición culta por Eneas que, descendiente de los dramáticos sucesos de Troya, atravesó media Europa para fundar lo que es hoy la ciudad eterna y la madre de todas las ciudades de occidente.

Por tanto, ¿qué hay con nosotros? ¿Qué ocurre entonces en nuestro país, y en nuestras islas y en nuestro pueblo? Creo que debemos observar los acontecimientos que nos han llevado a todo el mundo como un suceso, casi como un destino, y que ese suceso y ese destino nos llevan a un deseo natural y normal de reunirnos, de atendernos los unos a los otros, de asociarnos, de unirnos, no solamente ya por nuestras ideas, sino por nuestras costumbres y por nuestros lazos familiares.

Ese es un poco el prólogo o la primera parte de una historia que a todos nos abarca.
Los cubanos, sin embargo, a lo largo de los últimos dos siglos, fuimos llevados por circunstancias, todas ellas de signos políticos, al resto de América. No se puede hablar de la historia de este continente, sin hallar en los cementerios las tumbas cubanas, sin hallar en Venezuela, en Colombia, en Ecuador, hasta Bolivia, en México, y desde luego, en los Estados Unidos y en las otras islas, una continua y constante presencia cubana, que comenzó con la llegada de los que arribaban refugiados o extraviados de un destino incierto, y terminaban fundando.

Así, por ejemplo, en toda la costa norteamericana, en todo el gran afluente, la gran desembocadura del Mississippi, en todo el estado de Alabama y hasta la Florida, los cubanos han estado durante dos siglos, y habiendo llegado allí peregrino a Pensacola, a Mobile, a New Orleans. Primeramente visité los cementerios para buscar dónde estaban allí nuestros antepasados, y hallé que estaban allí sus nombres, y estaban las familias cubanas presentes como semillas en aquellos grandes cementerios del sur, y después también, preguntando por el protagonismo social, por la obra creadora que contribuyó a la creación de la gran nación del Norte, los cubanos estuvieron presentes siempre. y particularmente, en la Florida, junto al Castillo de San Agustín, donde las guarniciones de La Habana se sucedieron unas tras otras, defendiendo de dobles y triples asedios aquellas posesiones de los Seminolas, que hicieron la vida imposible de los conquistadores, de los corsarios y de las naciones que intentaron apoderarse de aquellos territorios puramente españoles o siguiendo en las ermitas de California a los frailes salidos de La Habana, como Motolínia, Junípero Serra, más distante en el Perú a los que siguieron a Francisco Solano en la evangelización de los indios, y surgieron de los monasterios y conventos de La Habana.

Sin embargo, los soldados y las familias fundaron todos estos, pueblos, y tardíamente, a fines del siglo XIX, en toda la Florida actual, pequeñas comunidades cubanas, que se habían conservado a pesar de los cambios entre Francia, España e Inglaterra, mantuvieron allí su identidad.

Cerca de San Agustín de la Florida, una tumba era el lugar más sagrado para los cubanos en el siglo pasado, la de Félix Varela, el insigne sacerdote, cuyo padre y cuyo abuelo habían servido a las armas españolas en la Florida.

Muerto Varela en el exilio en el año 1853, en el mismo año del nacimiento de José Martí, los cubanos visitaban ese sitio. Martí lo visitó también, hasta que fue una decisión de la Nación cubana, y por un deseo justo de nuestro pueblo, los restos de Varela volvieron a Cuba y se encuentran, precisamente, en el corazón latente de la ciudad de La Habana, en el Aula Magna de la Universidad, allí está el cenotafio de Félix Varela.

Otro cubano, aún al que José Martí llamó "el hombre más útil de su tiempo", Domingo del Monte, viviría largos años en Europa y desde luego, el príncipe, el sociólogo más importante, el político más reclamado, moriría lejos de Cuba, en París, José Antonio Saco, después de haber escrito una obra monumental y haber dejado también fundación, y haber dejado -cosa curiosa-, un epitafio escrito para su tumba que resumía un poco sus ideas y que en cuatro letras advertía del futuro y de los grandes desafíos de su tiempo: "Aquí yace José Antonio Saco, que no fue anexionista, porque fue más cubano que todos los anexionistas." (APLAUSOS)

Allá también nuestro gran novelista, Cirilo Villaverde. Hoy, ya también entre nosotros, hombre grande que realizó su novela por entregas, desde finales de los años 30, la sociedad cubana vivía pendiente de la edición de los capítulos de la novela que retrata un poco en origen de las cosas en la Isla, su Cecilia Valdés; carácter de poema y de drama nacional que todos hemos bebido y leído con ansiedad, escrito también en los Estados Unidos.

Por tanto, yo diría que cuando nos reunimos ahora, como fruto de una nueva circunstancia, y después de haber analizado los cubanos que en oleadas sucesivas fueron de Cuba a Colombia, a Venezuela -repito- a Norteamérica ya Europa, nos encontramos que nuestro camino, sin excluir el drama personal, la lágrima individual, la tragedia familiar cualquiera, que motivó en un contexto político y social tan ebullente y tan fuerte, como el vivido en Cuba después de 1959, etapa de una historia ardorosa y dura vivida por Cuba en el último siglo, nos hallamos que somos parte también de esa amplia diáspora, de ese amplio éxodo que tenemos que lograr reenrutar y encaminar hacia un área de fecundidad y de creación que no conozca límites.

Creo que se ha dicho, se ha preguntado si la Conferencia tendría en su propio nombre alguna contradicción con el origen que la motivó. No lo creo. Mi opinión personal es que hay realidad y realidad palpable en que existe Cuba y existe su emigración en el mundo.

Esto no menoscaba ni limita nuestra cubanía ni nuestra cubanidad ni nuestros derechos nacionales, por los cuales todo cubano de buena fe, y toda persona sensata, lúcida y buena, lucha en este momento, en el momento en que se impone y es necesario que los cubanos se unan en todas del mundo por una causa muy trascendental, por una necesidad y una urgencia extraordinaria de esa unidad, que nos sorprende, precisamente en estas cavilaciones y en su búsqueda, cuando ya se extingue el siglo xx y el segundo milenio de nuestra era.

¿Cómo será el tiempo futuro? ¿Cuál será el tiempo de Cuba dentro de seis, ocho o diez años? ¿Cómo será mañana nuestro país? Es una pregunta que todos nos hacemos.

En gran medida, dependerá de nuestro trabajo individual tan útil, del tuyo, del mío, del periodista, del activista, de la escritora, de la poetisa, de la mujer de empresa de la abogada, de todas las personas que están aquí, de las personas más sencillas, de l?s más humildes trabajadores, de los que lo son en activo o están ya en pensión o en descanso, y que se reúnen por este atractivo irresistible de venir a Cuba y reunirse para ejercitar uno de los derechos más deliciosos de los cubanos, que es el de la conversación.

No solamente es importante lo que ocurre en la sala donde la Conferencia está decursando. Lo más importante ocurre en el lobby, ocurre en La Habana en estos días, cuántos abrazos, cuántos saludos, cuántas invitaciones, cuánto reencuentro, cuánto echar a un lado la hojarasca de lo que ya nada tiene como cosa de valor y cómo retomar el tema fundamental: cubanía, sentimientos, raíz. iQue deseo tan largamente acariciado! : volver a nuestra tierra pasados los momentos de pasiones y enconos y violencias y luchas naturales en la historia de todos los pueblos naturales en nuestra propia historia y poder reunirnos con el amigo, poder ejercitar nuestra solidaridad, nuestra solidaridad, nuestra amistad, poder visitar la tumba de nuestros muertos, poder recordar, poder volver, lo mismo me ocurriría, en el caso inverso, cuando estuve en Norteamérica, y fui a visitar y reconocí a muchos amigos ya personas, las cuales con mucha cordialidad departieron, no sin que en nuestras conversaciones y en nuestros diálogos dejasen de existir batallas, a veces enfrentamiento, puntos de vista distintos, lo cual honra toda conversación sincera. Porque tenemos que alcanzar (APLAUSOS), porque debemos alcanzar una posibilidad muy importante, que es la de poder luchar y expresar, y decir lo que pensamos, y que se respete lo que decimos y que se tome en cuenta cuanto en esa conversación, y cuando en ese deseo nuestro de expresión hay buena fe.

La buena fe es algo muy importante, toda la obra de Martí, toda su obra personal y humana, toda su obra política, toda su obra unitaria estuvo basada en este principio, no pudo dejar de acudir a todos los cubanos.

En algunos momentos, debió dar unos ramalazos violentísimos y dar estocadas que le buscaron cien problemas en el debate político y hasta enfrentamientos con compañeros y amigos. Sin embargo, triunfa siempre la fuerza enorme que emana de su carácter, de esa voluntad de unir yde asegurar a los cubanos que habían unas bases mínimas sobre las cuales se podía trabajar y se podía luchar para el futuro.

Martí se daba cuenta que muchos de los cubanos que conoció en Estados Unidos, no era ese su destino particular, ya no regresarían a la Patria, se habían asentado allí, habían visto crecer sus hijos, eran triunfadores en Norteamérica o en otras partes del mundo, habían fundado familia, en Centroamérica fueron incontables, me cuentan los que llegan de Honduras, de Costa Rica, de El Salvador que son numerosísimas las familias cubanas que están allí desde hace más de un siglo, y que con todo orgullo exhiben cartas de Maceo y de Martí, yen algunos casos, los propios nombres de nuestros libertadores, porque son sus descendientes, los hijos del amor o de la legitimidad. Lo cierto es que se dio cuenta y se percató de que allí también los cubanos estaban fundando, y que para muchos cubanos, la realidad de la emigración, que había comenzado como un tema transitorio, a veces por razones económicas y otras veces por razones políticas, se convertía en una razón que ahondaba la raíz.

Hoy, nuestro discurso tiene que ir dirigido, fundamentalmente, a la gran masa de cubanos que han fundado, para bien de Cuba, en otras latitudes del mundo, y fundamentalmente, en América, porque ellos han sido capaces de trasladar allá, con una gran tenacidad, los signos de nuestra identidad y de nuestro carácter. Han prolongado nuestros rasgos, han prolongado nuestra palabra, han prolongado nuestros cultos y aunque Cuba siempre será, y debe ser, su oriente, su estrella, su meca, su tierra de promisión, no debemos en forma alguna, de ninguna manera, demeritar el papel fundador de los que ya en otras partes del mundo se han constituido en lo que llamamos nuestra emigración.

Y mucho se ha luchado para llegar a la Conferencia, mucho hemos luchado contra el escepticismo aquí y allá, mucho se ha luchado contra los que pensaban que no sería útil, mucho hemos luchado porque siempre los hay entre nosotros que quizás no comprendan del todo la hondura de estos propósitos. Pienso que estas reuniones han sido indispensables, pienso que han sido fundamentales, han abierto un espacio, han abierto un diálogo, han abierto una comunicación que no existía, y han abierto un camino de normalización y de tranquilidad, en la cuestión cubana, en la cuestión ecuménica cubana, que yo diría que es un paso adelante de suma importancia.

¿Qué nos debe unir hoy? ¿Cuál debe ser, después de ver ese panorama, el norte y el oriente de esa unión? Para mi, lo más importante es que hay algo en el centro de todos nosotros, que es lo cubano, nuestra identidad cubana debe prevalecer. Bien sabemos cómo el idioma, cómo las costumbres se van mutando y cambiando. Alguien me preguntaba ¿en qué se diferencian los cubanos que han venido de nosotros?

Yo diría, en primer lugar, en los colores, si, vienen amarillos, rojos, verdes, son cubanos en colores, llegan en colores de las modas y del carácter y de las formas de vivir, de vestir, en América o en cualquier parte del mundo. Después, cuando ya empezamos a conversar en torno a una mesa, resulta ser que todos estamos pintados de sus colores, y ellos de los nuestros.

Cuando veía a esas preciosas muchachas cubanas que están aquí en el público, triunfadoras, y que han venido de Tampa, de Cayo Hueso, de Puerto Rico, una me contaba ayer: "he trabajado en Nicaragua, pero nací en Puerto Rico", y yo decía: "qué orgullo siento de que se hayan trasladado para ti todos los signos de la cubanía, la espiritual y la física", porque hay ciertas cosas, que solamente se dan aquí. (APLAUSOS).

Lógico que sientan un atractivo por la literatura cubana, por nuestra música, por el cine. Recuerdo que una famosa artista cubana, que fue invitada a venir a hacer unas interpretaciones en la Base Naval de Guantánamo, se agachó allí en el suelo, y metió la mano por debajo de la cerca para buscar tierra del otro lado, claro, porque ella sabia, y lo sabe muy bien, que la tierra del fundamento no es la que está ocupada, sino la que está del otro lado. (APLAUSOS).

Y nosotros nos llevamos, como Federico Chopin, una bolsita de terciopelo con la tierra de nuestro barrio y con las piedras de nuestra casa aquí, y la llevamos allá, y queremos que se ponga junto
al piano, como hacía el artista, y que se ponga en el lugar sagrado en la casa. y decimos, esta es la tierra de Cuba.

Nada material será tan importante' legar a nuestros hijos, que esa pequeña bolsa, y decirles: es esto. y donde quiera que funden ustedes una casa, o levanten un edificio, o funden algo, pongan un poco de ese polvo, no porque sea de buena fortuna solamente, sino porque ésta es la tierra de fundamento, de donde vino tu abuelo y tus antepasados que, a su vez, fue un emigrante.

¿Quién fue? ¿Un señor de Galicia, de Asturias, de Canarias; un señor que en los años 20 vino de Siria, o del Líbano, de Monte Líbano; un cristiano maronita, o un judío de los que vinieron a Cuba en las largas y terribles persecuciones de Europa, y que encontraron en esta tierra promisión? ¿O acaso aquellos que, bajo nombre críptico, vinieron al comienzo de la historia, porque eran sefarditas, y eran de los cultos judíos de la España judía? ¿O éramos los descendientes de otros pueblos del mundo, como aquellos chinos que venían de Macao, o aquella gente de Filipinas, que ha salpicado también el mundo cubano?

Porque cuando vemos a Cuba, Cuba es como es aquí en la Sala y fuera de la Sala. Si alguien tomase una fotografía e intenta retocarla y cambiarla después, diciendo: "No, esta que está aquí voy a ponerla para acá porque es más bonita, y éste que es más oscuro, para acá, para que estén juntos los que son de color. y para acá esta otra, que es rubia". No, no, no. Cuba es como saldría en la imagen de nuestra foto. y si yo tomase una foto de la Sala, incluyéndonos a todos, vería los rasgos universales de todas nuestras prosapias, procedencias y árboles genealógicos, y sentiría que se fundió en Cuba, como se fundió en la memoria del poeta cuando, hablando de la España inmortal, decía:

Se han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul
para que pintes de azul
tus largas noches de invierno.

Y y yo diría: nosotros somos los descendientes también, por la cultura, de los Obba de Nigeria; y somos los descendientes de los crédulos gallegos que creían todavía, como hoy, en las meigas ,y en las santas compañas, y en los efluvios y espíritus de la montaña.

Somos descendientes también de los asturianos cazadores de osos, que viven en lo alto de los picos europeos, o en las profundas cañadas asturianas.

¿O es que venimos de Canarias, como los padres de Martí, de padre valenciano y madre canaria, de aquellas islas volcánicas, de las cuales surgieron, por obligación, tantos campesinos llamados magos, que abrieron la vega occidental de Cuba para plantar el tabaco mejor del mundo?

¿O ese que vamos a renegar de algunas de las sangres? jlmposible! No podría hacerlo en forma alguna Wifredo Lam, porque en su sangre, el más genial de todos los grandes pintores contemporáneos cubanos, y uno de los más auténticos y de impronta más deslumbrante, estaba la sangre africana, y la española y la china.

Por tanto, todo eso habita en nosotros, y al contemplarlo, yal reconocerlo, cesa un poco la violenta añoranza que nos sitúa como una excepción de la regla. Somos el resultado natural de la gran batalla humana, en que el hombre a veces es yunque, ya veces martillo. Alguna vez nos tocó perder y alguna vez nos tocó ganar, pero al final hemos fundado, y hemos creído; al final, nos hemos encontrado todos, y estamos aquí reunidos bajo el cielo de Cuba, en la hora en que ella más necesita de nosotros.

No les recibe la Patria pidiendo el agua por señas, ni tampoco reciben el abrazo de un país menesteroso y en andrajos, que pide clemencia al gran adversario. Llegan frente a un pueblo digno, que está con el escudo de Esparta en una mano y con la espada flamígera en la otra, (APLAUSOS) defendiendo con gran tenacidad, y con gran tozudez, lo que cree que son sus derechos, tratando de que se hagan normales, en las relaciones normales del mundo, las relaciones de Cuba con Estados Unidos, como lo son con otros pueblos de la tierra, para que de esa normalidad surja la luz, la claridad, la transparencia, se desintoxique el ambiente, hayamos finalmente logrado el respeto a los derechos de Cuba, que son, en última instancia, los que han estado en juego, independientemente de la posición de cualquiera de ustedes o de nosotros.

Hoy, en Cuba, los millones de cubanos que estamos aquí reciben gozosos a los que han deseado venir a esta reunión, ya los que vienen todos los días, reclamando para nosotros el derecho, que ahora se nos niega, de comunicación, el derecho de hacer lo que nos venga en ganas con nuestro dinero -el nuestro o el de ustedes. Si hemos sido capaces de perdonar, y capaces de comprender, y capaces de respetar finalmente a los que de nuestra familia, de aquí o de allá, de allá o de aquí, tuvieron un punto de vista distinto al nuestro alguna vez, ¿qué le importa a nadie que nosotros, en última instancia, busquemos la solución de nuestros propios problemas?

Yo pienso que ahí está una de las claves fundamentales de lo que hoy hacemos: luchar por la dignidad del país, luchar porque los derechos de Cuba sean reconocidos, porque el país se salve. y yo diría que los que vinieron a la Conferencia anterior, bajo una tensión particular, sintieron que el país estaba con los latidos de su corazón espaciados, sintieron que había una situación tremenda, porque estábamos en el suelo con el escudo y la espada ya mencionados.

Hoy esos signos vitales están más fuertes y más latentes. El país se levanta vigorosamente, dando un ejemplo tremendo de lo.que pueden la voluntad cubana y el tesón cubano, no para que se salve un grupo, no para que se salve una camarilla, no para que se salve una partida, sino para que se salve un pueblo entero, (OVACIÓN) que es lo que nos interesa.

Bien sé cuán susceptibles somos a la poesía, a las bellas palabras, a los discursos ya la oratoria espléndida. Es parte de nuestra tradición. Solemos creer más en la palabra viva que en lo impreso; lo segundo tiene que ser un resultado de lo primero. Nos encanta que se nos transmita, con el poder del carisma, el mensaje, y entonces está abierto -aunque sea a la una de la tarde, y ya con cierto desazón por el a¡muerzo-, nuestro corazón.

Yo no los entretendré por más tiempo. He creído, al dar este testimonio, decirles que aquí todo el mundo está pendiente también de lo que nosotros hagamos; que nuestro pueblo, preparado y cultivado -cosa que hasta sus adversarios reconocen puntualmente-, no es ajeno ni está ausente a nada que se diga. Nuestro pueblo generoso, cordial y valiente; nuestro pueblo, que ha recorrido su propia historia, víctima y al mismo tiempo protagonista de los avatares de su tiempo y de su siglo; de grandes contradicciones y batallas prácticamente espaciales, de las cuales milagrosamente hemos salido indemnes, en una Cuba que hoy, bajo la dirección de la Revolución -y particularmente bajo la conducción de Fidel, (APLAUSOS) que en las últimas semanas ha brillado en varios escenarios internacionales, transmitiendo el mensaje de nuestro pueblo-, es más libre que nunca y está más preparada para escoger su propio destino.

Yo creo más en las cosas que pasan, que en las que se dicen; creo más en el hacer, que en el decir. Me interesa mucho la discusión conceptual, y me interesa mucho que todo el mundo sepa dónde estamos, que nadie tenga duda alguna de dónde estamos. Pero lo más importante para mí es que todo, todo, absolutamente todo, se mueve y todo cambia; que la sociedad se transforma, que los hombres se transforman -para bien, y no para mal-, que nosotros somos los mismos desde que éramos pequeños, originales, los mismos. Pero hoy somos diferentes, hemos crecido.

Bastaría ver un álbum de nuestras fotos para contemplar esa metamorfosis. Algunos se lamentan de haber perdido y dejado atrás su belleza, quizás porque no se dan cuenta que cada tiempo trae la suya. Algunos creen que dejaron mucho atrás en el camino, y lo cierto es que al final estamos más enriquecidos. Yo creo que hoy somos más ricos, cuando quizás muchos piensen que somos más pobres. Hoy somos más imaginativos, más creadores, más preparados, hemos sobrevivido a todas las experiencias, y cuando muchos imperios dignos de la Antigüedad se han derrumbado, se levanta sobre el cielo, en un triángulo equilátero, con la sangre del corazón de todos nosotros, la estrella solitaria de Cuba.

Muchas gracias.

 

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